Yo también sé leer

Te levantas a las 7 de la mañana. Te aseas, desayunas y coges el metro o el coche para ir a clase. Mientras los primeros rayos de sol te dan en los ojos (da igual la hora y el lugar, siempre van a joder) tu cerebro va tomando conciencia de tu propia existencia y trata de ubicarte en el mundo un día más. Llegas a clase, te sientas y miras el reloj: justo a tiempo. En ese momento entra el profesor, enciende el proyector y se pasa dos horas de tu vida leyendo un puto power point.

Recuerdo cuando estaba terminando el Bachillerato y nos animábamos unos a otros diciendo que la universidad sería fácil porque íbamos a estudiar aquello que nos gustaba. Sí y no. Efectivamente en la universidad se aprenden muchísimas cosas interesantes. Te cruzas con magníficos profesores que abren puertas a campos del saber que jamás tuviste en cuenta, que te explican ideas que cambian tu visión del mundo. Guardo un gran recuerdo de algunos de ellos. Pero también te encuentras con lo contrario.

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Me refiero a esos profesores y profesoras, que seguramente con toda la buena intención del mundo, se limitan a leer una presentación en power point que además proyectan para que tú puedas hacerlo a la vez. Y digo leer porque pese al carácter visual propio de una presentación muchos se empeñan en llenarla de letras diminutas. Cuando muestran alguna imagen suele ser totalmente intrascendente, como esos dibujitos en los que salen monigotes que aparecen al buscar en Google Imágenes conceptos empresariales como “liderazgo” o “networking”. Algunas clases parecen un club de lectura mal entendido, donde en lugar de leer una obra por separado para reflexionar en conjunto se hace al revés. Los más “veteranos” ni siquiera usan presentación y emplean una técnica de dictado que me trae recuerdos de mis años de Primaria. Deje usted el texto en reprografía, o súbalo a intranet, y ya me apañaré yo para aprendérmelo.

Si el objetivo es leer uno se pregunta para qué tengo que ir hasta la universidad. Puedo leer en mi casa, hay buena luz y un sofá comodísimo. Puedo leer en la biblioteca inmerso en ese ambiente que invita a la concentración. Seguramente incluso acabaré antes y tendré más tiempo para invertir en lo que me parezca apropiado. Pero hacer varios kilómetros para acudir a un aula y leer todos juntos me parece una pérdida de tiempo y dinero insultante.

Lo que suele suceder en este tipo de clases es que los alumnos tenemos la sensación de que no nos aporta nada. Nos sentamos en esas sillas de contrachapado con la esperanza de absorber los conocimientos con nuestra sola presencia, como un ficus absorbe la luz del Sol. Algunos de nosotros nos esforzamos con todo nuestro ser para no despistarnos pero es muy difícil aguantar una hora así, entre el ritmo pausado de una lectura conjunta y la sensación frustrante de estar perdiendo el tiempo.

En esos momentos me viene a la mente una frase que pronuncia el personaje de Clint Eastwood en El sargento de hierro: “Puedes pegarme. Puedes tirarme al suelo, incluso escupirme y mearme. Pero, por favor, no me aburras”.

eastwood

Tu cara cuando vas por la diapositiva 42 de 117

¿Cómo puede ser que algunas materias que prometían ser interesantes han resultado en bodrios insufribles? Creo que muchos estudiantes preferirían adentrarse en esas áreas por su cuenta, si no fuera por el miedo a no saber conducir su aprendizaje o por la pereza, que de eso también vamos sobrados. Además ahora, según dicen debido al Plan Bolonia, no puedes perder clases porque la asistencia cuenta y muchos pasan lista. O mejor aún mandan infinitas y repetitivas prácticas, de las cuales la mitad solo sirven para justificar que se hace algo en clase. Conclusión: estás obligado a venir y aburrirte.

Repito una vez más que no se puede generalizar. Hay profesores magníficos y muchísimos estudiantes bastante vagos que no ponen de su parte, pero tras comentar el tema con varios amigos y conocidos he llegado a la conclusión de que no es cosa de mi universidad ni de mi carrera. Tristemente seguimos en un modelo educativo donde es más importante sacar una nota determinada que aprender.

Algo falla cuando ir a la universidad parece una pérdida de tiempo. Como estudiante, al menos a título personal, quiero teoría bien explicada y práctica útil. Quiero retos, pensar, descubrir, reflexionar y debatir. Pero por favor, no me hagas perder el tiempo en un aula, yo ya sé leer.

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