Aventuras y desventuras de un becario en Madrid

Hoy he decidido quitarle el polvo al blog para volver a mancharlo de tinta. Tras dos meses de vacaciones blogueras vuelvo para contar por qué dejé de escribir y qué ha sido de mi todo este tiempo. Todo empezó un hermoso día de mayo en que fui premiado con un training en una gran agencia publicitaria, ubicada en Madrid. Viendo ante mí semejante oportunidad armé mi hatillo y empecé a caminar hacia la gran ciudad (en realidad cogí un Blablacar, pero así queda más épico).

Podéis imaginar la extraña mezcla entre vértigo y entusiasmo que sentía. En lo laboral suponía mi prueba de fuego tras graduarme, y en lo personal suponía sobrevivir, que no es poco. Para que os hagáis una idea antes de pisar Madrid mis dotes culinarias se limitaban al sándwich de mortadela. La perspectiva de cambiar un pueblo de veinte mil habitantes por una ciudad de varios millones era ciertamente intimidante.

Este soy yo en mi primer día en Madrid.

Este soy yo en mi primer día en Madrid.

Lo personal: De cómo el muchacho se hizo un hombre

Debido a mi ajustado presupuesto me vi obligado a hospedarme en las habitaciones más baratas que encontraba, y la calidad estaba a la altura del precio. Cada vez que entraba en una casa oía la voz de Marlon Brando en Apocalypse Now susurrándome “El horror, el horror…”.

Realmente ofrecían todo lo imprescindible para vivir, solo que cubierto de una fina capa de mugre. Como hombre valiente y resolutivo no dejé que me afectase la roña. Fue suficiente con lavar los platos antes de utilizarlos, en lugar de hacerlo después. Por suerte no tuve que lidiar con insectos, aunque en una ocasión libré una heroica batalla contra un saltamontes que se coló en la ducha, pero eso es otra historia.

En cuanto mi capacidad para obtener sustento esta ha progresado demostrando que la necesidad agudiza el ingenio. Ahora también sé cocinar pechuga asada con ensalada, y ensalada con pechuga asada. Que tiemblen Ferran Adrià y David Muñoz.

Homer copiando mi receta de cereales flambeados.

Homer copiando mi receta de cereales flambeados.

Si los fogones no son lo tuyo encontrarás en los bares la solución a tus problemas. Hay que saber encontrarlos, huye de los locales que tengan el nombre en inglés y los garitos frecuentados por guiris y modernos. Busca los que estén llenos de autóctonos y sean regentados por gente de cierta edad. Estas personas son como tu abuela, no solo por ser de su quinta, sino porque se empeñan en cebarte. Las cañas vienen acompañadas de tapas generosas y calor humano, de modo que puedes salir “cenao” por unos pocos euros.

A propósito de la comida, si sólo vas a estar fuera de casa un par de meses, las calorías no cuentan. No pierdas la cabeza con la dieta ni el ejercicio, y no te ofusques buscando un gimnasio a no ser que te vayas para una temporada larga. El mejor ejercicio que puedes hacer es pasear por una ciudad por conocer.

“I love food more than I love people” words of wisdom by Jake.

En lo profesional: La forja de la leyenda

Los edificios de La Castellana imponen bastante si en tu pueblo no hay fincas de más de cinco pisos. Además ser becario en una de las agencias más laureadas de España era todo un reto, no sabía si aportaría algo en una empresa con profesionales tan preparados, o si aguantaría el ritmo de trabajo debido a mi escasa experiencia.

Tuve pesadillas en las que me bombardeaban con briefings y cambios de última hora.

Tuve pesadillas en las que me bombardeaban con briefings y cambios de última hora.

Todos esos miedos se disiparon el primer día. Una de las ventajas de ir a una empresa de este calibre es que siempre hay algo que hacer, así que poco a poco fui integrándome en los proyectos que estaban en marcha. Además tuve la suerte de recaer en un departamento lleno de personas excelentes, en el que me sentí muy cómodo desde el minuto uno.

A lo largo de estos dos meses he podido trabajar con grandes profesionales de los que he aprendido muchísimo, especialmente a no rendirme y seguir pensando hasta dar con la tecla correcta. Una de las sensaciones más gratificantes era la de sentir su apoyo y confianza en mí, sacando juntos ideas y propuestas. El trabajo me ha ayudado a progresar, y la carpeta que llevé ligera de peso a Madrid ha regresado conmigo llena de experiencia.

Solo cambiaría una cosa de mi experiencia en Madrid: el sueldo de becario.  Un training es una oportunidad que muchos jóvenes aceptamos con gusto para ganar experiencia y hacer currículum o portfolio. Entendemos que no aportamos lo mismo que un profesional con 10 o 15 años de experiencia, pero al fin y al cabo dedicamos una parte importante de nuestro tiempo a la actividad de la empresa. Muchos aceptamos esta situación como algo transitorio, porque forma parte de un plan más ambicioso.

meme maigno

Pero esto último no emborrona la satisfacción de haber progresado como publicitario y haber conocido a magníficas personas. Estos meses fuera de casa me han ayudado a madurar como persona y como profesional. Ahora toca seguir avanzando hasta donde me lleven mis pasos. De vez en cuando me dejaré caer por aquí para escribir algo.

Keep walking…

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Un comentario en “Aventuras y desventuras de un becario en Madrid

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